sábado 3 de febrero de 2007

"Vamos a sentarnos a dialogar..."

El Martes pasado, “zapeando” durante los anuncios de House, llegué a ese canal de televisión que mucha gente dice ver pero que tiene una audiencia inexistente en comparación con la de el resto de canales; La 2. En ella emitían un debate sobre las subvenciones que se brindan al cine español y si estas son justas o no. “Puede ser interesante”, pensé. Mi opinión cambió cuando presentaron a los invitados; Carmen Calvo, Ministra de Cultura, Fernando Trueba, director de cine, e Iván Reguera, crítico de cine en Periodista Digital. Al ver a la Sra. Calvo en dicho debate mi interés hacia el mismo cambio drásticamente, pasando de ser típico y “sano” a ver el programa por el mero hecho de escuchar cuantas tonterías era capaz de soltar esta señora durante el tiempo que durara el mismo (y es que ya ha sentado precedentes en multitud de ocasiones), al menos hasta que se me hiciera imposible aguantarla. También contaban con un servicio de votaciones por SMS y llamadas telefónicas que, viendo la profesionalidad y objetividad del programa, es de suponer que habrán valido para poco menos que pagar los gastos del mismo y para que algún directivo se diera algún capricho, cosa que nunca está de más. Y es que, al poco de empezar el programa y en uno de sus primeros o su primer turno de palabra (lo empecé a ver cuando llevaba algunos minutos de programa), el crítico Iván Reguera, como crítico de cine y quien personalmente defendía una postura referente a controlar y limitar las subvenciones al cine español, se vio acometido por el director Fernando Trueba, quien no le dio posibilidad alguna de respuesta y quien decidió salirse completamente del tema del debate (el cine), y asociar a este crítico con la “extrema derecha”, con una información llena de mentiras, con "un trabajo indigno" y, mi gilipollez favorita de todas las que salieron por su boca, acusarle de ir en representación de La COPE y de Jiménez Losantos. El problema es que, mientras Trueba se desfogaba de esta manera con el crítico, este no tenía opción de responderle y, de hecho, ni siquiera había tenido tiempo de exponer su postura, mucho menos de defenderla o contrastarla (no había mencionado más de cuatro frases antes de que Trueba se encabronara). La sorpresa del crítico ante esta postura y, supongo, la indiferencia de la presentadora y moderadora del debate para parar la irrelevante salida de tono y de tema de Trueba, fueron suficientes para dejarle sin palabras, o sin posibilidad de ellas. Y es que, hasta donde se, aunque uno sea crítico de cine para un periódico o empresa con fuertes ideas de derechas como es Periodista Digital, no significa que tenga que compartir dichas ideas políticas y ni siquiera que tenga que ser afín a ellas. Y aunque lo sea, aunque este crítico tuviera las mismas ideas que el periódico para el que trabaja, nada importa eso si su trabajo es ser crítico de cine y no de política y si, en este contexto, va aun programa en calidad de su oficio; crítico de cine que va debatir si las subvenciones al cine español son justas o no y si la calidad de éste realmente las merece, y no a discutir sobre política y mucho menos a “representar a Jiménez Losantos”, como dijo Trueba, (personaje que desde ese momento perdió todo el respeto que algún día le tuve) entre otros veinte calificativos precipitados por haber sido mencionados antes de que este crítico tuviera oportunidad de plantear sus ideas y de defenderlas, tópicos e irreverentes al no tratar del tema principal del debate que, aunque si tenía ciertos tintes políticos no lo era como tal y pretendía estar más centrado en el cine, y sacados desde la ignorancia con unas frases y acusaciones dignas de cualquier crío cargado de estupidez que se cree mejor y se muestra orgulloso de ser totalmente de izquierdas, cuando no sabe lo que es eso y lo hace por llevar en contra a sus padres mientras vive en su utopía y piensa que derechas es sinónimo de facha con bigote hitleriano y puro en la mano. En fin, lo que está de moda y que casi sería casi comprensible con el citado adolescente gilipollas de turno, pero no con alguien con la edad y la supuesta experiencia en la vida de Fernando Trueba.
Como iba diciendo y resumiendo, en un debate de cine no interfiere en absoluto la ideología de la empresa para la que uno trabaja como es la ideología de Periodista Digital y la información que transmite (ideologías e informaciones con las cuales, por cierto, no acostumbro a estar en absoluto de acuerdo, aunque nunca hasta el punto de llegar al extremismo estúpido e ignorante de Trueba y demás). Y es que el mismo ejemplo se puede aplicar si en vez de cine hablamos, por ejemplo, de fútbol, tema recurrente a la par que vacío y primordial en este país y del cual cualquiera parece ser un experto. En una conversación de fútbol no importa que tus ideologías sean de derechas o de izquierdas mientras no hables de política y te ciñas al tema principal; el de unos analfabetos sobrevalorados cobrando el patrimonio bruto de muchos países por correr detrás de un puto balón. De la misma manera, que tu jefe sea de derechas, e incluso aunque sea el citado facha con un puro en la mano y constante sonrisa beligerante, no tiene porque significar que, como empleado, debas compartir su postura política (ni siquiera que debas respetarla, aunque en este caso te puedas estar jugando tu futuro en dicha empresa). Y viceversa en todos y cada uno de los ejemplos, por supuesto.

Un supuesto acompañante en el programa del crítico de Periodista Digital comenta aquí su experiencia. Independientemente de que lo declarado por el sea cierto o no, cosa que ignoro dado que cambié de canal desde el momento en que Trueba continuaba su acometida hacía este crítico, para que posteriormente la presentadora y moderador del programa ignorara la posibilidad de respuesta o defensa por parte de Iván Reguero, pasándole el turno de réplica a la Ministra, que continuó la tarea de Trueba con menos agresividad pero igual convencimiento, el debate y especialmente la actitud de Trueba así como la imposibilidad del crítico para defenderse fueron dignas de vergüenza ajena y no digo un claro ejercicio de manipulación, pero si de mala organización y partidismo que dio lugar a un espectáculo cuanto menos lamentable y carente de objetividad, típico de cualquier debate de la TV en este país, que son y seguirán siendo un despropósito.
Y es que viniendo de la televisión pública era obvio no hallar demasiado rastro de objetividad o imparcialidad, pero no hasta este punto.

Escuchando:
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