Nixon
La capacidad de manipular es un arte. Y al menos esa es una de las grandes cualidades de Oliver Stone como director, y quizá también del personaje que da título a la película en su propia rama, la política, otro arte del cual soy reacio a opinar, más aún cuando resulta intranscendente hacerlo a la hora de comentar una película, como en esta ocasión. Como decía, un rasgo característico de Stone es su capacidad para manipular al espectador, especialmente en lo concerniente a la percepción de los personajes, en ocasiones de una manera más sutil que en otras, resultando quizá la muestra más obvia de esto y por lo tanto la peor llevada a cabo la que acontece en la más que mediocre Asesinos Natos, donde el director no se molesta lo más mínimo en encubrir de alguna manera la idea que desea proyectar de sus personajes y que el espectador no capte, si no acepte, pues no deja otra alternativa. Y es que no es malo manipular y ser manipulado como espectador, al fin y al cabo todas las películas lo hacen en mayor o menor medida, pero hay formas mejores, con más mérito y efectividad que otras de llegar a ese fin. Nixon no se queda corta en este aspecto, mostrando desde el comienzo de la película el interés en centrar únicamente sus tres horas de duración sobre la figura de Nixon, interpretado magistralmente por Anthony Hopkins que, aunque no guarda excesivo parecido con el personaje al que encarna, cumple de manera magistral y, aún con la compañía de unos secundarios geniales (a destacar James Woods), carga con el peso de la interpretación y la historia en cada plano, mostrando matices diferentes y a cada cual mejor en cada una de sus secuencias. Solo por la interpretación de este hombre merece la pena ver las tres horas de películas que quizá no resultan constantemente interesantes por si mismas. Quizá el nivel interpretativo de Hopkins, así como su profesionalidad y sutilidad, ayudan a suavizar la cinta de las citadas "obvias intenciones" de Stone a la hora de manipular al público. Y es que resulta sencillo ver como, de la misma manera en la que el protagonista pasa de la euforia a desmoronarse en un segundo de manera totalmente creíble, en una escena que es un ejercicio de interpretación y de (insisto) sutilidad, contrasta con otra en la que un superior y lento zoom se acerca a la figura de Nixon cruzado de brazos proyectando una tenebrosa sombra sobre el Despacho Oval mientras esperas que en cualquier momento suene la marcha imperial de Star Wars de fondo. Es un contraste que muestra un claro duelo entre los defectos de Stone como director y las virtudes de Hopkins como actor, donde por suerte es éste quien predomina. Ignoro si el Nixon de verdad fue así, pero el de esta película si lo es. Y es humano.
De cualquier manera y evidentemente no toda la dirección de Stone deja que desear, ni mucho menos. Obviando estos supuestos defectos, cuenta con otras tantas escenas muy bien dirigidas , con algunos momentos realmente buenos (apoyado en todo momento por el plantel de actores) y con el mérito de no hacer las tres horas de película excesivamente largas.
En resumen una película mediocre por no sorprender, que cuenta un hilo argumental interesante, al margen de lo realista o controvertido de la misma (la polémica vende, y mola), pero que no logra hacerse excesivamente amena o clara, quizá por no estar contada muy detalladamente y dejando lagunas en caso de que no se conozca el caso Watergate y demás peripecias de su protagonista por otras vías, salvado por unas estupendas actuaciones, con especial fijación en Hopkins, tanto en su actuación como en su capacidad para crear un personaje. 6/10.
De cualquier manera y evidentemente no toda la dirección de Stone deja que desear, ni mucho menos. Obviando estos supuestos defectos, cuenta con otras tantas escenas muy bien dirigidas , con algunos momentos realmente buenos (apoyado en todo momento por el plantel de actores) y con el mérito de no hacer las tres horas de película excesivamente largas.
En resumen una película mediocre por no sorprender, que cuenta un hilo argumental interesante, al margen de lo realista o controvertido de la misma (la polémica vende, y mola), pero que no logra hacerse excesivamente amena o clara, quizá por no estar contada muy detalladamente y dejando lagunas en caso de que no se conozca el caso Watergate y demás peripecias de su protagonista por otras vías, salvado por unas estupendas actuaciones, con especial fijación en Hopkins, tanto en su actuación como en su capacidad para crear un personaje. 6/10.
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